|
|
"Cinismo
angelical" se podria llamar
la agravación moral caracterizada desatada por Alan Garcia contra
el pueblo peruano, en una pasada presentación televisada consentida
por el impresentable Nicolas Lucar. Mentir sonriendo
para hacerse pasar como víctima inocente. Que triste
espectáculo. Insensata mascarada. Que descarado insulto hacia los
peruanos. Ni siquiera tuvo la inteligencia del corazón de comenzar
pidiendo disculpas. Ninguna modestia real o fingida. Ni la menor muestra
de remordimiento. Y a eso se le dice ser un "coloso de la politica",
un "animal político" en el sentido florentino de la palabra.
Lo único que sabe hacer es usar y abusar de su "oratoria"
apoyándose sobre el principio de la manipulación de masas,
buscando orientar la atención hacia el aspecto emocional del efecto
de anuncio. Su discurso es peligroso porque emplea las armas de la
mentira, de la hipocrecía y del cinismo, envueltos por el encanto
de su sonrisa engañadora. Puede impresionar a los que no estamos
provistos de un análisis crítico. El "rio hablador"
se pierde en las conjeturas de sus dos vertientes naturales: La intoxicacioó
y la desinformación.
Su presencia hace daño al país. Altera y perturba el
proceso democrático de las elecciones. Corrompe la atmosfera y
degrada la calidad del debate público. Sin embargo, los demócratas
tienen que aceptar las reglas de juego. Es una lástima la falta
de tacto y de delicadez del personaje. Su ceguera política
le impide comprender esta simple evidencia. El Perú de hoy necesita
pragmáticos y no dogmáticos. Hombres de acción y
no demagogos. Ciudadanos de moral y no individuos de "mañas
y patranas". Su cálculo politiquero consiste en sacar provecho
del talón de Aquiles de la democracia.
En su caso, se impone la terapia siguiente: neutralizarlo con la indeferencia,
ignorando su existencia. En junio próximo, el pueblo le refrescara
la memoria. Nadie ha olvidado su desastroso gobierno, aun menos, sus delitos
de corrupción. Su problema es simple. Se equivoca de país
y de época. El Perú de hoy está entrando de pie firme
en la era de la democracia moderna. Su valeroso y abnegado pueblo se lo
merece. El país exige hombres con competencia técnica y
solvencia moral. La República exige a sus resposables, el compromiso
de la obligación moral de resultados probatorios.
El pueblo
llama a sus hijos honestos y serios. Capaces de trazar objetivos, de darse
los medios legales para alcanzar metas. Nuevos hombres sólidos,
consistentes y consecuentes con el interés nacional puesto por
encima de los apetitos personales. El pragmatismo meritorio se mide en
terminos de logros realizados, traducidos en un desarrollo económico
descentralizado y sostenido para el país, así como en una
efectiva mejoría de la calidad de vida de la población.
|